sábado, 24 de julio de 2010

Introduccion al blog.

Llevaban minutos, tal vez instantes, las letras articuladas en aquella vieja maquina de escribir lo hacían pensar cada vez mas en sus palabras. Perdidos en las mentes, buscaban en esas pequeñas letras, esa remota manera de salir de este mundo. El texto era mas confuso que todos los anteriores, nada parecía concordar con lo anterior y esos mapas que ni el que los hizo podía entender llevaron a Lorenzo a decir una frase después de mucho tiempo “Me harte, no doy mas me voy a casa. No me mal interpretes amigo mió pero es que este tema ya me tiene mareado no se si quiero irme de este mundo o mas bien dormirme sobre este texto”. -F.B.G-


En un mundo de incertidumbre donde un es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice, es mejor dejarse llevar por el tiempo sin olvidar la verdad de las cosas. Como medir un instante o simplemente entender la verdad de la vida son cosas que nunca entenderemos pero siempre intentaremos entender. Es por eso que es mejor leer mis escritos que andar buscando respuestas donde no las hay.

jueves, 22 de julio de 2010

"Un Lieu Mort"

A pesar de estar mitad muerto y un tercio vivo, Sebastian caminaba todas las mañanas por el andén de aquella calle vacía. Ya ni los muertos transitaban por ahí pero él esperaba encontrar algo nuevo para su colección. Nunca le importo saber si en verdad estaba muerto o no, en realidad era una virtud para su trabajo. El camina a través de la gente sin ser visto, es un fantasma, mas bien el rey de los fantasmas.

Él es el dueño de un terreno muy grande, lleno de piedras marcadas con nombres de gente, un lugar donde los vivos son muertos y los muertos son vivos es un show de sueños perdidos y de gente muerta sin valores. Era otro martes muerto para Sebastian, así llamaba los martes por que ese día su padre murió. Caminaba por esta calle buscando algo interesante para su colección, cargando su machete y caminando entre barro con sus botas, encontró lo que buscaba. Era algo pálido y olía a viejo, no era su modelo preferido. Dijo en voz alta “cuanta atrocidad hay en este mundo” se lo cargo en los hombros y camino hasta su casa. Paso por el bosque de la miseria ya que todo estaba muerto, siguió adelante pasando unas casas destruidas por el vendaval que había pasado hace más de 30 años y llego a su terreno. A pesar de que el terreno tenía vida ya que se sentía la muerte pasar por el pasto, el viento soplar palabras escondidas, y las piedras retumbaban con el pasar del día, era un lugar muerto, nadie visitaba aquel lugar desde que Sebastian lo compró.

Era un lugar enorme lleno de piedras con una choza remota. Su casa o mas bien la choza eran cuatro paredes, adentro había una cama y muchas notas pegadas por doquier. Al llegar a este lugar que solía llamarse “Un lieu mort“dejó su nueva adquisición afuera de su casa, se entro y saco un bloc de notas que tenia. Escribió una nota que decía “. Es un martes muerto, con muerto adentro, ya son 15 pero solo 3 viven”. Afuera contra la pared estaba su pala para cavar, su casa estaba rodeada por piedras con manuscritos puestos por él. Salió y montó su adquisición en sus hombros, camino hacia las piedras del lugar, cavo toda la tarde, sabía que por la noche no podría, ya que esperaba una visita la cual debía atender.

Antes de que el sol muriera detrás de su casa ya había acabado el hueco, tiro su adquisición deprisa y corrió a su casa. No pasaron más de cinco minutos y su visita ya estaba retumbando las notas de su casa. Era como un viento feroz en días de invierno que pasaba arroyando todo. Se sentó y le dijo a Sebastian: “Vimos que tenias una nueva pieza, ¿Cómo se llama este?” Sebastian se sentó y le dijo: “en realidad no sé, lo encontré tirado en el barro con medio ojo abaleado, toca esperar a que se despierte para saber quien es”. Pasaron las horas y ellos seguían hablando de ese tema hasta que Rodolfo dijo “Termine el libro que me prestaste acerca de la teoría del olor de las almas, ese que se llama “el olor de tu alma”, y caí en cuenta que tu alma huele a vivo algo no muy usual en este lugar, ¿es que acaso tu estas vivo?” Las palabras causaron un silencio abrumador por un tiempo, Sebastian parecía estar pensando mientras tanto Rodolfo estaba preocupado por cual podría ser la respuesta.”En verdad no se, a veces siento como un muerto, pienso como un muerto y además camino a través de la gente sin ser visto, pero por otro lado no tengo memoria de haber muerto nunca”. Hablaron sobre este tema por unos cuantos minutos Rodolfo estaba asombrado del problema de Sebastián. De repente unas gotas entraron a través del techo y empezaron a mojar la cama. Sebastian puso una cubeta en la cama y le dijo a Rodolfo “Hace más de dos meses que a esta misma hora empieza a llover, es como si los dioses estuvieran de fiesta y derrocharan lujuria hace dos meses. Estoy harto de esa gotera.” Rodolfo se paro de la silla miro por el hueco y dijo –“Es verdad ya no es fácil dormir por estos días y menos en este terreno baldío que lo único que gana con esas lluvias de desgracia es inundaciones, este lugar cada vez es mas triste.” Esa fue la ultima cosa que se oyó, cuando Sebastian volteo a mirar vio como la silueta de Rodolfo se desvanecía en la oscuridad y como le neblina se lo comía ferozmente.

Sebastián miro de reojo la hora, y se acordó que tenia una tarea pendiente desde hacia mucho tiempo. Salio de su casa y se perdió en la neblina, caminó por el pasto mojado y decidió prender su linterna. La luz destellada por la linterna mostró la figura de Mariano. Mariano bailaba solo en la oscuridad, tarareaba una canción vieja y parecía estar soñando despierto. Mariano es una persona diferente, no teme y vive el momento como nadie.

De profesión Mariano era músico, de joven escribió grandes canciones, famosas y sin iguales, pero la vida es triste y oscura con la gente que tiende a los descuidos y un error le marco el resto de su vida y lo dejo en el olvido. La neblina se esparcía mientras Mariano bailaba, Sebastian estaba atónito ante semejante situación y además de eso el frío que se le metía por los huesos quitándole valor a su corazón no lo dejaban decir una sola palabra.

Mariano se detuvo y miro a Sebastian directo a los ojos y le dijo “He escrito la canción de la época, aunque no tiene letra, esta canción causa la lluvia”. Esa era la razón de su baile, estaba celebrando haber terminado esa canción. Desde su llegada hace mas de 10 años llevaba escribiéndola y parecía ser bastante buena. De repente saco su violín y empezó a tocar una melodía. La melodía era melancólica era fácil imaginarse la tristeza y la muerte, era fácil sentir lugares distantes y remotos. Mariano se movía a través de la neblina con facilidad, era como si se volvería de trapo y alguien lo controlara, era rápido y tenia destreza al moverse no parecía ser impedido por el terreno, de repente su mirada se transformo y su expresión facial se convirtió en el temor mas grande de cualquier persona viva, que hasta a un ente como Sebastián pareció asustarse. Terminó de tocar la canción y como el había dicho empezó a llover sobre el lugar. “Tu canción es escalofriante, la única manera de describirla es pudiendo presenciarla, me dio frío, mis huesos perdieron valor y mi corazón pareció morir lentamente, además haces que llueva, sin duda alguna va a ser la canción de la época, mi querido Mariano”. Sebastian dijo eso sin parecer ser deslumbrado por la canción de Mariano. Le pasó por el lado y siguió caminando camino arriba con la lluvia cayéndole sobre su pelo y espalda. Llego a una estatuilla hecha con la mejor de las piedras. Estaba un poco acabada por los años pero no tenia nada escrito sobre ella Sebastián dejo a un lado la lluvia, saco su herramienta y escribió sobre ella. -aquí yacen los restos de los pergaminos dejados por la familia sagrada-. Termino de escribir eso y corrió a su choza.

Era temprano y el sol ya estaba aniquilando las gotas caídas el día anterior. Sebastián estaba terminando de tirar la tierra sobre el hueco que había hecho el día anterior y el sol lo hacia sudar como a un ser vivo. De repente después de haber estado sentado un largo tiempo viendo el sol desde la sombra de un árbol, vio la figura de alguien a la lejanía. Sin dar previo aviso se paró y corrió hacia la persona. Cuando se iba acercando se dio cuenta que era alguien chiquito y que no lo conocía. Se acerco sigilosamente para no ser notado y vio que era un joven no más grande de 15 años. Después de mirarlo por quince minutos se dio cuenta que el niño estaba corriendo unas piedras. Sebastián temió por sus reliquias y salio corriendo hacia él. De un salto llego a donde él estaba. “¿Que haces?” pregunto Sebastián con odio. “Nada. Ando buscando al señor Sebastián Andrade. ¿Acaso usted lo conoce?“ “Eso creo, pero ¿para que lo necesita usted?” “Es un asunto de vida o muerte, no es fácil decirlo necesitaría hablar a solas con el” “Aquí no hay asuntos de vida o muerte, en este lugar no se resuelven esa clase de problemas” “señor, no sé quien sea usted pero este problema es de gran importancia para el dueño de este lugar” El niño parecía tener una fortaleza interna, que asombraba a Sebastián “Yo soy Sebastián Andrade, ahora ¿cual es el maldito problema?” El niño se sentó sobre una piedra y dijo “Mi hermano ha muerto y yo deje su cuerpo en algún lugar cercano a este terreno. Sé que este lugar esta muerto es por eso que vengo a buscar a mi hermano muerto acá” Sebastián asentó su mirada en los ojos del niño y sin vacilar le pregunto con demencia” ¿Cómo dices que te llamas?” el niño perdió su mirada. Su fortaleza pareció desvanecerse en el sol sofocante que había y respondió “Que le importa como me llamo yo, solo quiero el cuerpo de mi hermano, démelo yo se muy bien que usted lo tiene.” Sebastián rió, y sujeto fuertemente al niño del brazo y le dijo. “¿Te crees muy matón hablándome así? Lo único que matas acá es mi tiempo y mi paciencia. Yo no tengo el cuerpo de tu hermano. Vete no hay tiempo para estupideces como las tuyas en estos campos, vete lejos y nunca vuelvas.” El niño corrió, al parecer por las palabras de Sebastián. Después de la partida del niño Sebastián fue a mirar como iba la parte superior de su campo. Subió con un genio negro, susurrando palabras “Ese niñito, cree que ahora yo soy el mandado de la muerte y que recojo a los muertos.” Sebastián se dio cuenta que el pasto estaba quemado a causa del fuerte verano y recordó a Mariano y su canción de la lluvia, y dijo en voz alta “Ya es hora de que Mariano me haga un favor después de todos los que le he hecho.” Se fue directo a su casa a buscar un papel de suma importancia. Entro y abrió su cajón con recuerdos intachables de “Un lieu mort”. Saco un papel lo miro de reojo y se acostó en su cama.

“Una música macabra acompañaba su caminar y un clima espeso lo recibían. Se decía que al llegar su vida ya no le pertenecía más y que allá todos son esclavos de los sueños, que arrastran a cuestas por montañas inmensas que tocan el cielo haciendo que el resplandor desapareciese del todo. No se sabia porque pero desde hacia ya un tiempo la música se apagaba por un rato, mientras la tierra y el cielo se estrellaban y dejaban un vació total sin sonido alguno en esta ciudad del olvido. La noche se apagaba sin la música, y los sueños quebradizos desaparecían. A lo lejos con una silueta implorante se veía el gran volcán donde decían que vivían criaturas olvidadas por los mismos dioses que castigaban a cualquier humano que intentase llegar a este volcán con una lluvia más inmensa que el mar y más caliente que el mismo sol, eran revelaciones de los dioses suplicando por el olvido de aquel lugar. Allí como en casi todo lado todos están de paso la diferencia es que en este lugar morir es como desertar con su destino que está tan amarrado a sus almas de cenizas que parece ser lo único que tienen. Su destino estaba ligado a la suerte pero la suerte siempre jugo con cartas sin marcar y el nunca pudo agarrar ni una.”


Sebastián llevaba tratando de descifrar que quería decir ese papel desde que el anterior dueño del lugar se lo regalara después de arriar todo el campo. Abajo había una fecha y un nombre. –Mayo 31 1854- -Alemagh Ademar-. Ese era el nombre del antiguo rey de esos campos y Sebastián quería descifrar que quería narrar a través de aquel papel. Había pensado en su muerte pero se dio cuenta que el rey había muerto en junio de 1865 entonces no tenia cabida con la anterior fecha. Duró unas cuantas horas con el papel y escribió una nota. “Retumban mi amanecer, de noche no duermen y de día se encierran. Son lucidos, brillantes por demás y no dejan huella alguna en este mundo”. Guardo el papel real en el cajón y puso su nota en la pared. Salió de la choza directo al hueco cavado el día anterior. Se sentó al lado del hueco miro al cielo y escribió sobre una piedra. “Que el día y la noche se junten, que el cielo caiga sobre la tierra y que el sonido desaparezca para siempre.” Se paro y se fue a caminar.


Al regresar a “Un lieu mort” fue directo a su choza. Entro y abrió su ropero. Saco la ropa más elegante que tenía y espero a que fueran las siete de la noche. El reloj marco las siete y Sebastián salió por la puerta con prisa. Camino por el camino que dividía el terreno en dos. Camino bastante, ya estaba llegando al final de “Un lieu mort” y empezó a ver la casa que buscaba. Miró atrás y vio como la neblina se comía el lugar, sin compasión las piedras iban desapareciendo una por una, esta neblina maldita que había empezado a aparecer en “Un lieu mort” desde que Sebastián pusiera el primer manuscrito sobre una piedra, parecía darle vida a cosas que estaban muertas. Sebastián llegó a la casa y golpeo fuertemente la puerta. Pasaron unos minutos y no pasaba nada, de repente oyó la voz de alguien. “¿Sebastián buscas al licenciado?” Sebastián volteo su mirada y vio a Mariano. “De hecho si” respondió Sebastián. “Pues no lo hagas más, el licenciado lleva en su casa desde hace una semana, no responde ni siquiera cuando le toco la canción que tanto le gusta, pero el otro día vi que salía de su casa aproximadamente a las doce, y lleva haciendo eso toda la semana.” “Entonces esperare toda la noche y me meteré en su casa cuando no se de cuenta.” Después de esas palabras Sebastián vio como mariano se iba dando saltos por el campo. Unas horas después la lluvia empezó a caer y en lo único que Sebastián pudo pensar fue en la canción de Mariano. “Maldita canción, maldita lluvia ahora tendré que esperar bajo la lluvia a que un licenciado loco abra su puerta.” La lluvia fue apaciguada por una luna que parecía seguir la sombra de algún muerto, Sebastián oyó unos ruidos y se escondió detrás de un árbol. El licenciado iba saliendo de su casa. Miro para todos los lados, como no vio a nadie salio corriendo camino arriba. Sebastián se apresuro y entro a la casa del licenciado. Era una casa modesta con muchas fotos de una mujer, había muy pocas cosas y el parecía analizarlo todo. Unos cuantos minutos después se oyó el llorar de un río.”¿Que haces acá Sebastián? Pregunto el licenciado. “Necesito hablar con usted urgentemente” la conversación fue interrumpida por un viento que parecía llevarse consigo la casa y al licenciado. “Que necesitas de mi, ya todo se lo he dado a este lugar no tengo nada mas para dar.” “Es verdad. Pero el problema es que no quiero nada de ti más allá de tu sabiduría, que espero que el tiempo no se la haya robado.” Las palabras de Sebastián parecieron devastar al licenciad quien caería en llanto y empezara a gritar “No hay nada mas para mi acá, este lugar maldito que no me deja irme en paz. Sí tan solo pudiera huir.” “No hay porque llorar, tiempos malos siempre habrán licenciado lo que hay que saber es como afrontarlos” El licenciado se limpio las lagrimas que corrían por su cara y le dijo a Sebastián “Bueno y ¿a que se debe tu presencia?” Sebastián lo miro con miedo y le contó lo que había pasado con el niño y le pregunto” ¿Puedo ser acusado de algo?” El licenciado se paró saco un libro y leyó un pasaje en voz alta “No temas de lo que no has hecho, no temas por problemas ajenos y no te angusties si estas a mi lado. Sebastián si tu no mataste a nadie no hay porqué temer. Al revés lo que hiciste estuvo bien enterraste a su hermano. Si algo sucede acude a mi otra vez y te sacare de cualquier problema” Las palabras dichas por el Licenciado armaron de valor a Sebastián que tan sólo pudo decir “Esta bien, entonces en ese caso será mejor que parta ya, la noche es despiadada con viajeros en estragos como yo.” Sebastián salió deprisa sin decir adiós. En el camino a casa Sebastián pensó en que le sucedía al licenciado para que saliera a las 12de la noche todos los días. Decidió seguirlo la próxima noche a ver que era lo que escondía. Llegando a casa sentía una sensación ajena a él. Era raro pero sentía temor y no por el niño de la mañana pero por algo diferente. No podía para de sentir, no, no quería parar de sentir. Vehemencia pura sentía Sebastián, sentía que le pisaban los pasos, pero no era alguien conocido. Él corrió asustado hasta su choza y se metió a dormir tratando de evadir ese sentimiento que en su casa parecerá haberse perdido.

Al día siguiente Sebastián fue despertado por un ruido extraño afuera de su casa. Sebastián salio dormido y vio entre ojos a alguien. Sólo pudo ver su figura, no podía ver bien su expresión facial a causa del sueño que lo atacaba. Se limpio los ojos y vio la cara de un señor que se le hacia conocido. “¿Has visto a mi hermano? Es uno chiquito y un poco altanero.” Sebastián entro en un momento de desconcentración y las palabras dichas por aquel sujeto lo dejaron inconsciente y pensativo. “Dímelo por favor, debe de estar asustado.” Estas últimas palabras parecieron despertar a Sebastián que sin vacilar respondió “Ayer vino a tratarme de mandado de la muerte. Le dije que yo no sabia quién era usted” En ese instante la silueta de aquel personaje pareció desvanecerse sin previo aviso. “¿Quién será él?” se pregunto. Sebastián pasó todo el día pensando la sombra de un árbol quien podría ser él. Le dio vueltas al asunto y en un momento de lucidez, cuando menos estaba pensando en eso y sus pensamientos parecían haber salido volando hacia otro lugar, llego a su memoria esa cara pálida y ese olor a viejo. Se paro y miro una de las tantas piedras que lo rodeaban y vio que decía -Que el día y la noche se junten, que el cielo caiga sobre la tierra y que el sonido desaparezca para siempre.-

Desde ese momento lo supo, el personaje estaba vivo para siempre y de verdad, o tan sólo en este lugar. Fue directo a su casa, saco una nota y escribió “El sonido a de desaparecer para que el cuarto viva.” Pasó toda la tarde sentado mirando las piedras reviso una por una y recordó a que se debía cada una de ellas. Hacía ya mas de 25 años que Sebastián había recogido un soldado herido que decía que la campaña de la familia sagrada había pasado por ahí y el necesitaba alcanzarla. Está era la hora que no había vuelto a saber algo de el y sobre la piedra estaba escrito “Libertador sagrado que la fortuna te acompañe.” Rodolfo apareció de repente y dijo “¿Sebastián sabes que el pasa al licenciado?” “No, en verdad no sé. Rodolfo ¿te acuerdas del soldado que vino y se hospedo acá por algunos días?” “Sí, era un gran muchacho lástima que no hayamos vuelto a saber nada de él. Ahora, ¿que hago para encontrar al licenciado? Tengo una partida de ajedrez que jugar con él.” “Búscame mañana y te digo que le sucede, creo tener la llave de su enigma” Rodolfo se volteo y dijo en voz alta “Me encomendare a Mariano, él por lo menos es alegre”. Sebastián hizo caso omiso a las palabras pronunciadas por Rodolfo y fue a ver la hora que tanto lo desconcertaba. Eran las 11:30 de la noche, Sebastián salio con su linterna sigilosamente por el campo camino a la casa del licenciado. No había pasado ni un segundo después de que marcarán las 12 de la mañana en los relojes de “Un lieu mort” y el licenciado ya había salido. Sebastián lo siguió cuidadosamente fijándose que él no se diera cuenta y que ni su sombra hiciera un solo sonido. Después de caminar por un largo tiempo, Sebastián desde las lejanías vio como el licenciado se detenía al frente de una estatuilla y le ponía unas flores, recogía las del día anterior y se quedaba unos instantes mirando al cielo y se iba otra vez a su casa. Sebastián fue directo a la estatuilla y vio lo que decía. - Amanta Carmiño- sin dudarlo un segundo los recuerdos de esa cara perfecta llegaron a su memoria y dijo “la ex esposa del licenciado. Ahora si entiendo todo, pero ella estaba viva hace poco” La noche pareció estremecerlo y los fantasmas atormentarlo. Corrió camino a su casa necesitaba dormir para pensar en algo para el licenciado. Era tarde y una serenata atormentaba la luna. Mariano llevaba más de diez minutos tocando su canción de la lluvia. Todos parecían ser atormentados por una lluvia de sonidos y por un aguacero que hasta a un pez hubiera asustado. Rodolfo salio de su paz interminable y le dijo a Mariano “¿Será que puedes dejar tu serenata a la soledad para otro momento? Trato de leer algo importante.” “Rodolfo, sin tan sólo te dejaras llevar por la melodía estarías acá bailando conmigo en la lluvia, es un éxtasis de sentimientos encontrados, pero ahora que lo pienso a ti lo único que te atrae son las letras. La muerte está escrita y manchada con letras ensangrentadas y tu lo sabes por eso estas acá” “Lo sé muy bien es por eso que me encomiendo a las letras para evadir melodías eternas como las tuyas. No sé tú pero yo si espero algún día irme de acá.” La lluvia espanto hasta la ultima parte del cuerpo de Rodolfo que salio deprisa en busca de un techo. “Maldita lluvia es eterna como esta estadía acá.” Sebastián salió, no estaba de buen genio, la canción tenía su casa inundada. “Mariano, mejor invéntate una canción que haga el sol salir” Mariano ignoro las palabras y dejo que la lluvia se las llevara, la noche parecía morir bajo el violín de Mariano que parecía estar embrujado, tocaba con demencia, sus brazos parecían ser indelebles. Mientras tanto Rodolfo andaba en su casa revolviendo todos los libros que Sebastián le había prestado trataba de encontrar el último que había leído sobre las almas.”Ese libro tan escurridizo parece que tuviera patas estoy seguro que lo deje acá” Lo busco por toda la casa hasta que vio una nota pegada en una pared. –Tome prestado tu libro rojo, me gusta ese color. Atentamente: Fárid.” “Quién rayos es Fárid?” pensó Rodolfo, no lo entendía el no conocía a nadie con ese nombre y además para entrar a su casa debía ser transparente ante la vida y la muerte. Rodolfo salio y golpeo la casa de Sebastián. “¿Que quieres Rodolfo? Es tarde tengo que dormir.” “Nadie puede dormir con la serenata de Mariano, mas bien dime en este instante ¿quién es Fárid? “¿Quién?” dijo Sebastián con cara de asombro. “Fárid, yo tampoco se quien es solo se que el muy vagabundo se metió en mi casa y robo el libro de las almas y me dejo esta nota.” Sebastián la leyó deprisa analizo por un rato la caligrafía y dijo “¡es él! ¡Es él por fin esta despierto! Es el último que traje” “Cómo lo sabes” pregunto Rodolfo con cara de incertidumbre. “En verdad no lo se sólo que hoy lo vi estaba mas radiante que cuando lo encontré tirado, me pregunto por su hermano y de repente se perdió. “Cómo así, no entiendo es que a caso ¿el sale con el sol? “Pues eso parece, ahora déjame dormir y mañana recuperó tu libro” Dijo Sebastián que fue tirándole la puerta en la cara. “Que sucede Rodolfo ¿quieres bailar conmigo bajo la lluvia? O solo quieres que te interprete mis baladas.” “No Mariano solo quiero decirte algo” “Pues dilo mi oídos mueren por hacerle honor a tus palabras.” “Compón una canción que nos deje salir de día Mariano, así estaremos vivos de repente” dijo Rodolfo con tristeza y se perdió en la oscuridad. Mariano se quedo analizando las palabras de Rodolfo y se dio cuenta que esa debía ser su nueva obra maestra salio corriendo dejando todos sus papeles tirados.


Pasaron días sin que nadie moviera un dedo en “un lieu mort.” Las cosas de antes aunque suene raro parecían haber muerto. Rodolfo no salía de su casa desde ese entonces, pasaba sus horas leyendo un nuevo libro. Pasaba analizando los tiempos viejos y le encantaba compararlos con lo último que vivió. Mariano, perdido en sus partituras escribía, tocaba, probaba, intentaba pero parecía que esta vez su obra no tenía forma. Su violín cada noche tocaba algo nuevo, era un sonido diferente a todos los que el tocaba y algo no encajaba. El licenciado seguía sin salir de su casa antes de las 12, Sebastian solia llamarlo el viudo desgraciado. Y no había flores que duraran lo suficiente para llevarle a su esposa todos los dias así que empezó a llevarle la vajilla, y le decía a su esposa “aquí te dejo amor lo único que me dejaste aparte del amor, te lo devuelvo, tu lo necesitas mas que yo en tu nueva vida.” Era raro pero el único que salía ahora era Farid que andaba como un muerto por todo el lugar. Tenia de vez en cuando conversaciones filosóficas con Sebastian abordaban temas climáticos y Sebastian le contaba todo lo que había ocurrido en “un lieu mort.” Farid murió a causa de las deudas dejadas por su padre que lo persiguieron hasta su muerte. El estaba encantado de “un lieu mort” andaba todos los días por su senderos flacos y en las noches esperaba encontrarse a alguno de los famosos amigos de Sebastian.

Un día después de mucho tiempo de andar perdido en las letras la puerta de Sebastian volvió a sonar. Era claro, el único que golpeaba así era Rodolfo. Las notas volaron, el viento fantasmal erizo la piel de Sebastian y la voz tremenda dijo:”E leído mucho en este mundo pero nunca había leído algo como lo que leí en este libro. –La vida en tres pasos- me dio un vuelco me di cuenta que en verdad no hay mucho porque vivir a menos de que seas inmortal, es verdad me quiero ir ya pero no es el tiempo indicado es como si mi destino fuera una historia interminable.” Sebastian parecía estar conmovido por las palabras de Rodolfo.